La publicidad en ChatGPT ya está abierta a anunciantes con sede en Europa: se contrata desde el gestor de anuncios de OpenAI, con presupuesto y puja máxima por clic, parecido a Google Ads. Monté el primero de mi tienda con 100 € de mi bolsillo y lo grabé entero. Lo importante no fue el trámite: fue que el texto que propuso la propia IA prometía «muestra gratis y envío incluido», y en mi empresa eso no es verdad. Lo reescribí cruzando 502 consultas de WhatsApp y 201 hilos de correo, que es lo que pasa cuando le pones a la IA los datos de tu empresa delante en vez de dejarla escribir a ojo.
Me llegó el correo por la mañana, mientras estaba con otra cosa: «el gestor de anuncios de ChatGPT ya está disponible para anunciantes con sede en Europa». Llevábamos desde el 24 de agosto con la solicitud metida, así que dejé lo que tenía entre manos, puse a grabar y me metí dentro sin preparar nada.
No lo grabé para enseñar una interfaz bonita. Lo grabé porque iba a poner 100 € míos en un anuncio real, para mi tienda de cerámica, y quería que se viera el proceso completo: lo que te deja hacer, lo que en Europa no te deja, y el momento en el que la propia IA me propuso decir una mentira sobre mi empresa.
Vendo materiales de reforma y llevo la tienda con inteligencia artificial todos los días. Así que esto no es un tutorial de laboratorio con una cuenta de prueba: es mi dinero, mi catálogo y mi anuncio. Te cuento lo que pasó, con la parte incómoda incluida.
Qué es la publicidad en ChatGPT y a quién se la han abierto
El correo de OpenAI lo resume así: más de mil millones de personas usan ChatGPT con regularidad para responder preguntas, hacer tareas, tomar decisiones y descubrir productos y servicios; el gestor de anuncios sirve para llegar a esas personas mientras están explorando activamente algo que vender. Desde un mismo sitio creas la campaña, gestionas los anuncios y consultas el rendimiento.

Está en beta y de momento entra por invitación: pides acceso y te llega la confirmación cuando te toca. En mi caso, la solicitud se pidió el 24 de agosto y el aviso llegó una semana después. Antes de que los anuncios empiecen a servir hay que pasar dos filtros: la revisión del propio anuncio conforme a sus políticas y una verificación de la empresa, con los datos fiscales, cuyo estado tarda unos días en actualizarse.
La mecánica no te va a sonar rara si has tocado Google Ads: eliges objetivo (en mi caso, clics), pones presupuesto (yo puse 100 € de presupuesto total de campaña, no diario) y estableces una puja máxima por clic. Una puja más alta gana más subastas. Hasta ahí, terreno conocido.
Lo que Europa no te deja hacer (y por qué cambia el anuncio entero)
Intenté crear audiencias y me paró en seco: las audiencias personalizadas no son compatibles con campañas dirigidas a ubicaciones de la Unión Europea o Suiza. No están disponibles y punto. En un sistema de publicidad al uso, eso te dejaría medio cojo.
Lo que hay en su lugar son las sugerencias de contexto: un campo donde describes las conversaciones, los temas o las palabras clave donde tu producto puede ser relevante. La propia interfaz avisa de que esas señales orientan la coincidencia, pero que no son reglas de segmentación por coincidencia exacta. Yo escribí ahí algo tan simple como «personas en España que están reformando un baño, una cocina o una vivienda y quieren comprar azulejos online», y los temas: baño, cocina, paredes, suelos, exterior, porcelánico, pasta blanca.
Esto tiene una consecuencia práctica que conviene entender antes de gastar un euro: si no puedes segmentar por usuario, el texto del anuncio es tu segmentación. Las palabras que escribas son las que deciden en qué conversaciones apareces. Por eso el resto del vídeo va de los textos y no de la interfaz.
Hay un ajuste más que dejé desactivado a propósito: la personalización automática del texto. Lo que hace es generar versiones personalizadas y traducidas de tus títulos y descripciones, y esas versiones pueden mostrarse sin que tú las revises. En un negocio donde una promesa de más se paga con devoluciones y cabreos, eso se apaga.
Cómo monté la campaña paso a paso
Este es el recorrido completo, en el orden en que me lo fue pidiendo el gestor:
- Información de la empresa. Viene precargada de la cuenta, no hay que rellenar nada.
- Campaña y objetivo. Clics, en mi caso.
- Presupuesto. Elegí presupuesto total de campaña en lugar de diario: 100 €.
- Puja máxima por clic. El importe máximo que pagas por cada clic. Funciona por subasta.
- URL de destino. Aquí el primer cambio importante: no mandé el tráfico a la portada de la tienda, sino a la URL estable de la categoría del catálogo, que es una página mucho mejor para quien llega buscando material.
- Parámetros UTM. Activados, para llevar registro de lo que entra por ahí.
- Personalización automática del texto. Desactivada.
- Sugerencias de contexto. Las conversaciones y palabras donde quieres aparecer.
- Logo. Se puede dar por URL o subirlo. Subí uno cuadrado de los que tenemos para redes.
- Facturación y verificación. Tarjeta, datos fiscales y solicitud de revisión de la empresa.
Una cosa que me apetecía enseñar: parte de esa configuración no la hice yo a mano. Le dije a ChatGPT, con control del navegador, que tenía abierta la interfaz de su propio gestor de anuncios y que me ayudara a montar la campaña. Y lo hizo: entró en la pestaña, fue rellenando campos, comprobó si la URL que le había dado redirigía o se mantenía estable y la cambió tanto en la campaña como en el grupo de anuncios. Eso es un agente, al final. No hace falta saberse todos los campos de memoria: es preguntar e ir iterando, que es la forma real de trabajar con estas herramientas en una pyme.
Y me dijo una frase que me gustó, sin que se la pidiera: «no he publicado ni introducido datos de pago, pulsa siguiente». Un agente que se detiene antes de gastar dinero ajeno es un agente bien configurado.
«Esto no es cierto»: el texto que la IA propone por defecto
Llegó el momento del anuncio. La ventanita que me montó decía, más o menos, esto: «azulejos, compara estilos, formatos y acabados online, pide una muestra antes de decidir», y debajo «azulejos para tu reforma, hechos en España». Una de las variantes remataba con «porcelánico, hidráulico, muestra gratis y envío incluido».

Ahí paré. Porque eso, en mi empresa, no es verdad.
La cerámica no se envía gratis. Al día me piden alrededor de 50 muestras. Si tuviera que mandarlas todas sin cobrar el transporte, habría cerrado hace años. Hay que cobrarlas: no hay más remedio. El envío de la muestra son 18 €, y lo que sí hacemos es devolver ese dinero si luego compran a partir de 600 €. Pero eso es una condición, no un «envío incluido» en un titular de tres líneas.
Me extrañó muchísimo que lo cogiera. Y la lección se resume rápido: no cojas el texto que te da por defecto. Está entrenado con miles de anuncios de ecommerce donde el envío gratis es lo normal, así que lo escribe por inercia. El que hace clic esperando una muestra sin coste se encuentra un cobro y se va. Ese clic lo has pagado tú, y encima has quemado la confianza.
Además, los textos eran genéricos. Podían ser míos o de cualquier otra tienda de azulejos de España. Si el anuncio no se diferencia de la competencia, estás pujando por aparecer para decir lo mismo que todos.
Lo que hice en vez de escribir el anuncio a ojo
Hice una captura del anuncio y me la llevé a Claude, en la terminal, que es donde trabajo todos los días y donde tiene el contexto real de la empresa. Es la misma diferencia que cuento cuando explico cómo llevo una tienda de 33.000 productos con IA: un modelo sin datos te da texto bonito; un modelo con acceso a tus datos te discute.

La instrucción fue una sola línea: cruza las consultas de WhatsApp, las de correo, nuestros anuncios de Google Ads y Search Console. Y antes de proponerme nada, hizo lo que casi ningún humano hace: preguntar. Quiso saber exactamente qué prometía la página de destino y cómo era de verdad la política de muestras, porque su memoria decía una cosa y el anuncio decía otra. Se lo confirmé, y entonces sí se puso a contar caracteres.
Lo que salió de ese cruce:
502 consultas
Mensajes entrantes de WhatsApp sobre cerámica en los últimos 12 meses. El canal por el que entra de verdad la venta grande.
201 hilos de correo
Conversaciones por email hablando de azulejos. Lo que llega ahí son cotizaciones, no compras a un clic.
71 % nombra un color
Siete de cada diez personas escriben un color en su consulta. Blanco, verde, terracota.
24 % nombra una medida
Uno de cada cuatro da un formato concreto: 10×10, 45×20. Y un 15 % pregunta directamente por precio.
0 personas
Nadie, en 703 conversaciones, escribió que quisiera «comparar estilos, formatos y acabados». Eso es vocabulario de tienda, no de cliente.
23.592 impresiones
Las que tiene «azulejo» a secas en Search Console, con un 0,1 % de clics. El genérico no lo pincha nadie.
Ese cero es el dato que más me marcó. El titular que la IA había escrito por defecto usaba exactamente las palabras que no dice ni un solo cliente. No estaba mal redactado: estaba escrito desde dentro de la tienda, no desde la cabeza de quien busca. Es el mismo error que veo cuando alguien monta las fichas o las categorías de su tienda con IA sin darle antes lo que la gente pregunta de verdad.
El texto que salió de los datos
La propuesta final habla como el 95 % de las consultas que recibo: azulejos por color, medida y precio por metro cuadrado; del 10×10 al 45×20, en blanco, verde o terracota; precio por metro cuadrado a la vista. Y le añadí un dato que sí es mío y sí es comprobable: más de 5.000 modelos de suelos y azulejos.
Ninguna de esas frases promete nada que no podamos cumplir, y todas usan las palabras con las que la gente escribe. Eso es todo el truco.
Me quedaron dos avisos apuntados para cuando la campaña empiece a servir, y los dejo aquí porque valen para cualquiera:
- Si prometes color y medida, la página de destino tiene que dejar filtrar por color y medida. Un anuncio honesto que aterriza en una página que no cumple lo prometido es dinero tirado igualmente.
- Cuida la imagen: en el chat se ve a tamaño de sello. Nada de composiciones con cuatro elementos. Una imagen cuadrada con el producto grande, en primer plano.
Cómo montar tu publicidad en ChatGPT sin gastarte el presupuesto en un anuncio que miente
Si te llega el acceso y quieres repetir el ejercicio, este es el orden que a mí me funcionó:
- Deja lo administrativo para el final. Facturación y verificación de empresa son trámite. El presupuesto se decide antes, y el texto se trabaja aparte.
- No mandes el tráfico a la portada. Lleva a la página estable donde está lo que anuncias.
- Desactiva la personalización automática del texto hasta que sepas qué está diciendo tu anuncio de ti.
- No aceptes el texto que te propone la herramienta. Léelo línea a línea buscando promesas: envíos, plazos, gratuidades, garantías. Cada una de ellas tiene que ser verdad en tu empresa.
- Saca las palabras de tus propias conversaciones. WhatsApp, correo, los términos de búsqueda de Google Ads y las consultas de Search Console. Ahí está escrito, literalmente, cómo te busca la gente. Es el mismo material con el que se automatiza bien la atención al cliente.
- Pásale ese contexto a la IA antes de pedirle nada. Si trabaja a ciegas, te devolverá el anuncio medio de internet. Si trabaja con tus datos, te dirá que tu titular no lo escribe nadie.
- Firma tú el texto final. El modelo cuenta caracteres y cruza datos mejor que tú. Lo que puede prometer tu empresa lo sabes tú.
Lo que todavía no está hecho
Hay que ser honesto con el estado real de esto: la campaña quedó configurada y detenida a la espera de la revisión final, con el anuncio en revisión y la verificación de la empresa solicitada. Cuando grabé el vídeo no había ni un dato de rendimiento, porque el anuncio aún no había empezado a servir. Cualquiera que te enseñe resultados de ChatGPT Ads a estas alturas te está enseñando otra cosa.
Lo que queda por montar, y que veremos con mi media buyer, son las fuentes de datos, los canales y las audiencias, para reutilizar las mismas que ya usamos en Google Ads y en Meta. También se puede subir un feed de productos. Y hay un detalle que me interesa más que todo lo anterior: en la configuración general se puede crear una clave de API. Eso significa poder conectar la cuenta de anuncios a mi propio sistema y leerla desde donde trabajo, que es exactamente lo que ya hago con el resto de la tienda.
Quería ser el primero en probar esto y por eso lo grabé el mismo día, sin guion. Todavía no sé si funcionará mejor o peor que lo que ya tenemos. Lo que sí sé es que el anuncio que hay ahora dice la verdad y habla como mis clientes, y eso ya es más de lo que había hace tres horas.
Preguntas frecuentes
¿Se puede hacer publicidad en ChatGPT en España?
Sí. OpenAI ha abierto su gestor de anuncios a anunciantes con sede en Europa, en fase beta y por invitación: se pide acceso y llega un correo de confirmación cuando te habilitan la cuenta. Antes de que el anuncio empiece a servir hay que pasar la revisión del anuncio y una verificación de la empresa con los datos fiscales, cuyo estado tarda unos días en actualizarse.
¿Cómo funciona el gestor de anuncios de ChatGPT?
Se parece bastante a Google Ads: eliges un objetivo (por ejemplo, clics), defines un presupuesto (diario o total de campaña) y estableces una puja máxima por clic que compite en una subasta. Después añades la URL de destino, los parámetros UTM, el logo, el texto del anuncio y unas sugerencias de contexto donde describes las conversaciones y palabras clave en las que quieres aparecer.
¿Se pueden crear audiencias personalizadas en Europa?
No. Las audiencias personalizadas no son compatibles con campañas dirigidas a ubicaciones de la Unión Europea o Suiza. En su lugar están las sugerencias de contexto, que orientan la coincidencia pero no funcionan como una segmentación por coincidencia exacta. La consecuencia práctica es que el texto del anuncio hace de segmentación: las palabras que escribes deciden en qué conversaciones apareces.
¿Puedo usar el texto de anuncio que propone la IA por defecto?
No sin leerlo línea a línea. En mi caso propuso «muestra gratis y envío incluido», que en mi empresa no es cierto: recibo unas 50 peticiones de muestra al día, el envío cuesta 18 € y solo se devuelve si luego compran a partir de 600 €. Estos modelos escriben el anuncio medio del ecommerce, donde el envío gratis es lo normal. Revisa toda promesa de envío, plazo, gratuidad o garantía y comprueba que tu empresa puede cumplirla.
¿De dónde saco las palabras para escribir un buen anuncio?
De tus propias conversaciones. Yo crucé 502 consultas de WhatsApp de los últimos doce meses, 201 hilos de correo, los términos de búsqueda de Google Ads y las consultas de Search Console. Salió que el 71 % de la gente nombra un color y el 24 % una medida, que nadie escribe «comparar estilos, formatos y acabados» y que la palabra «azulejo» a secas tiene 23.592 impresiones con un 0,1 % de clics. Con eso el anuncio se escribe solo.
¿Conviene desactivar la personalización automática del texto?
Yo la desactivé. Esa opción genera versiones personalizadas y traducidas de tus títulos y descripciones, y esas versiones pueden mostrarse sin que las revises. Si en tu negocio una promesa de más se paga con devoluciones o con clientes enfadados, merece la pena apagarla hasta que sepas exactamente qué está diciendo tu anuncio de ti.
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