Curso sobre ChatGPT y cómo organizar chats con Proyectos. Aprendemos a configurar instrucciones, fuentes y memoria para gestionar clientes y tareas con IA.
Hoy vamos a destripar el maravilloso mundo de los Proyectos de ChatGPT. Si tenemos la barra lateral hecha un caos, esto es justo lo que necesitamos para poner orden en nuestros chats. Un proyecto es, básicamente, una agrupación de conversaciones sobre un mismo tema a las que podemos aplicar instrucciones específicas.
Ojo a este detalle técnico: las instrucciones que definimos dentro de un proyecto siempre prevalecen sobre las instrucciones generales que tengamos configuradas en nuestra cuenta de ChatGPT.
Seguro que muchos os estáis preguntando cuándo usar un GPT y cuándo usar un Proyecto. Vamos al grano.
Un GPT lo usamos para acciones repetitivas que hacemos todos los días y que no necesitan estar agrupadas. Por ejemplo, escribir un artículo para el blog o establecer directrices para generar una imagen.
En cambio, los Proyectos son el entorno ideal para agrupar conversaciones por temáticas de trabajo o clientes concretos: un curso de Cloud, una estrategia SEO o el seguimiento de inversiones.
Una de las configuraciones más críticas que debemos controlar es la Memoria. Por defecto, un proyecto tira de todo lo que la IA recuerda de nuestros chats externos.
Nuestro consejo es claro: si estamos gestionando proyectos para un cliente específico, restringimos la memoria para que el proyecto solo recuerde lo que hablamos dentro de su propio entorno. Así evitamos el desastre de mezclar datos confidenciales o contextos entre diferentes clientes.
Para que la IA trabaje con precisión y no alucine, tenemos que alimentarla con Fuentes. Se trata de documentos externos que le dan contexto. Podemos subir prácticamente de todo: archivos directos, enlaces a Google Drive o incluso URLs.
Además, en las instrucciones podemos definirle una personalidad concreta. Podemos pedirle que adopte un tono profesional y directo, o incluso que actúe como Steve Jobs o como Chandler de Friends.
Ahora bien, hay algo interesante: la inteligencia artificial no funciona como un robot rígido. Evalúa el contexto.
Si le damos la instrucción de terminar siempre con un chiste, pero le estamos planteando un problema serio con un cliente —por ejemplo la rotura de un plato de ducha en una obra— la IA detectará la tensión del contexto y omitirá la broma.
Eso sí, si insistimos y forzamos la instrucción al máximo, terminará haciéndolo. Pero seamos claros: sería una pésima práctica de atención al cliente.
Un último apunte técnico sobre integraciones: podemos invocar GPTs directamente dentro de un proyecto, pero el sistema no nos permitirá guardar un chat generado por un GPT independiente dentro de la carpeta de un proyecto.
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Como hemos visto, los Proyectos no son un simple cajón desastre, sino un auténtico entorno de trabajo blindado.
Hemos aprendido a separar contextos, a inyectar conocimiento mediante fuentes y a controlar el comportamiento de la IA para que trabaje exactamente como necesitamos, gestionando además la memoria de forma inteligente para no mezclar clientes.
Ahora toca pasar a la acción.
Crea un nuevo Proyecto para un cliente o para un área concreta de tu trabajo y añádele al menos un documento sólido en la sección de Fuentes: por ejemplo un PDF o un enlace a tu Google Drive.
Después configura las instrucciones del proyecto, definiendo un tono de respuesta muy específico, y restringe el acceso a la memoria general para aislar completamente el contexto.
Si te atascas, recuerda que tenemos nuestros canales de apoyo:
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y el formulario para incidencias técnicas.
Nos vemos en la siguiente lección.

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